De manera casi sorpresiva, inmediata, instintiva diría yo, decidí pasar unos días de vacaciones en la isla de Ibiza, en casa de mi hermana, quien vive allí desde hace algunos años. Fue una de esas decisiones que se toman en un segundo. En realidad, la decisión la tomé yo, a la que mi mujer se adhirió gustosa.

Aterrizamos de noche. Había un empleado de la compañía de coches de alquiler esperándonos en el aeropuerto. Nos recogió en un minibús, nos llevó a las oficinas de su empresa, a unos cinco minutos por carretera, y tras el papeleo de rigor y depositar una fianza y otros pagos no previstos, tomamos posesión del coche.

Con antelación al viaje, yo había contratado un seguro con el fin de no tener que depositar ninguna fianza. Pero al llegar, cuál fue mi sorpresa, que el empleado de la compañía de coches de alquiler me informó de que el seguro contratado por mi no era aceptable por ellos, pues estaba contratado con una compañía de seguros que no era con la que ellos trabajan. Si, si…eso dijo. Aluciné con el argumento.

Además, el susodicho empleado anotó a bolígrafo, en el formulario del contrato de alquiler, de forma apresurada,como el que lo hace todos los días, otros conceptos de gastos no previstos por mi. No previstos, digo, por no estar informados en el sitio web en el que alquilé el coche. Conceptos tan simpáticos como: Gasolina, a depósito lleno, 65 €, (llenar el depósito del coche solo cuesta 40 €), tasas (no me pregunten qué tasas, no quise ni preguntar, pues me pareció evidente que una tasa escrita a bolígrafo…en fin) 25€, y un cargo por recoger el coche fuera de horas de oficina de 40 €. Éste último cargo si era conocido y aceptado por mi, pues aterrizamos cerca de medianoche.

Yo, contrariado, pero con mi habitual actitud de confiar en que todo sucede por algo, accedí, firmé,llamé a mi mujer que esperaba paciente, sentada en un sofá de la oficina de alquiler de coches, tomamos posesión del coche y nos marchamos. Eran las doce y media de la noche, y parece que ese factor tampoco jugaba mucho a favor de una pataleta, que se tornaba infructuosa de antemano. No conocía el final de la historia- me dije. Tenía que tener paciencia y esperar a que los acontecimientos se fueran desplegando.

Los sabios cabalistas conocen la existencia de una ley:

Lo que empieza mal, acaba bien.

Este principio, si se tiene conciencia de él ,responde al hecho de que nuestra alma se encarna en un mundo físico, en el cual manda el sufrimiento, con carácter general, y en cuyo seno hemos de transformar el mal en bien. Esto si somos conscientes. Eso supone un mérito para el alma. El mal existe para ser vencido. La estancia en Ibiza empezó “mal”, ..y según este principio… ¿terminaría “bien”?

Durante los ocho días que pasamos en Ibiza, nos dedicamos a ir sus espléndidas playas, además de visitar lugares de ensueño de la isla. Conseguí desconectar. Mi piel adquirió una tono tostado, casi como cuando era niño. Al tercer día, percibí un notable efecto en mi piel. La descamación que me acompañaba desde que tenía catorce o quince años, y que no obstante, tenía a raya a base de un cuidado especial de hidratación diaria con crema, había desaparecido por completo. Mi piel estaba suave, completamente regenerada y con un aspecto saludable. No solo en cuanto a este síntoma de descamación, sino en cuanto a otros aspectos de mi piel, como algún granito y rojez en algunas zonas del cuerpo. Todo había desaparecido.

Pasaron los días y regresé a casa, a Arriate. Hoy, escribiendo estas lineas, mi piel está igual que como la acabo de describir. Regenerada.

¿Qué había sucedido para que se produjera el milagro?

Es obvio que salí de un ambiente de estrés, de vida cotidiana, para marcharme a una isla, es decir, “aislarme”, y vivir por unos días sin ninguna obligación. Dicha circunstancia es harto significativa, ya que sabido es que al salir de nuestro ambiente de estrés nuestra biología mejora. No inmediatamente, pero mejora. El descanso, la buena comida, y el retiro, funcionan muy bien como elementos curativos.

En segundo lugar, yo ya había observado que el agua de mar, en combinación con el sol, tenían un efectos beneficioso en mi salud en general, y en mi piel en particular. En una ocasión anterior ,hace años, unas pocas horas en la playa de Mijas, Málaga, produjeron un efecto similar en mi piel. Se desvaneció a los dos días.

Sin embargo, mucho más sutil, y profundizando ya en el campo de lo inconsciente, tuve una intuición: Me di cuenta de que me encontraba en Ibiza. El lugar, y más aún, el nombre del lugar, no era aleatorio.
¿Qué significa Ibiza para la inteligencia de mi cuerpo? – Me pregunté. Y de pronto vivieron a mi memoria los veranos en la playa, de pequeño, junto a mi familia. Y hallé la respuesta.

Siempre habíamos pasado los meses de Agosto en la localidad malagueña de Torre del Mar, en un pequeño apartamento. El veraneo suponía que toda la familia estaba unida. Padres, hijos, abuelos, tías, y a veces amigos, todos alojados en el mismo lugar, incluso con colchones puestos en el suelo para dormir, pues no había camas suficientes para todos. En ocasiones llegamos a dormir nueve o diez personas en el apartamento.

Uno de los conflictos biológicos que se somatizan en la piel es el conflicto de separación o contacto. Al ir a Ibiza, bañarme en el mar, tomar el sol, comer bocadillos en la playa, estar en casa de mi hermana, compartir esa casa con otros amigos de ella, que son como una familia, era como reproducir algo muy similar a lo que viví de niño. Se activó la memoria de mi inteligencia corporal. El mensaje era que había unión, o lo que es lo mismo, no había separación. Por tanto, la piel ya no tenía necesidad de expresar síntoma, pues no había conflicto. La necesidad biológica estaba cubierta. Esta similitud bien podría bastar para cerrar el asunto, pues biológicamente tiene todo el sentido. Pero hay más. ¿Adivinan cómo se llama el edificio en el que estaba dicho apartamento? Se llamaba Edificio Ibiza.

Si quisieran podrían dejar de leer aquí, pues la idea creo que ha quedado clara. Pura inteligencia corporal funcionando por sus propios fueros, los de la supervivencia.

No obstante añadiré, sutileza de la sutileza, que el cuerpo físico es un reflejo del alma. Y así como el alma busca la unión con las almas – pues “…lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”[1]– así también los cuerpos buscan la unión con los cuerpos. Así como es arriba es abajo[2], así en el Cielo como en la Tierra[3].

La inteligencia del cuerpo posee memoria de lo que es calma o seguridad, de necesidades biológicas cubiertas, de unión. Igualmente, toda alma anhela reconocerse en la unión con el resto, y fundirse con Todo lo que Es. Amor es sinónimo de Unión. El mundo físico no es más que un reflejo del mundo no físico, de manera que los cuerpos, a su vez, buscan estar unidos. De ahí la fuerza de la llamada fidelidad familiar o de clan, que tanto puede curar como enfermar. Nada es bueno ni malo en este mundo físico, solo depende de como se viva o de qué aplicación se le de a este principio.

La inteligencia de nuestro cuerpo absorbe la resonancia de la información a la que está expuesta. La afinidad la encontramos, en este caso, en el nombre: Ibiza. Hé aquí el poder de la información, condensada, codificada en un nombre. El nombre nombra un lugar, una cosa, una situación, y la inteligencia corporal acepta la información del nombre y del ambiente, pues nombre y cosa nombrada son lo mismo. Cree estar en el apartamento del Edificio Ibiza, donde no hay estrés, donde hay unión de los miembros del clan.

Lo que empieza mal, acaba bien. Pero solo en el caso de que la conciencia de la persona conozca esta ley. Si no la conoce, el resultado es inverso, pues se deja arrastrar por el caos, y entra en afinidad con él. Un pago no previsto es un regalo que te haces, no previsto, siempre que lo observes de ese modo.

La Kabbalah enseña que viajamos a lugares para recoger chispas de nuestra experiencia como almas en vidas distintas a la que estamos viviendo ahora. Al visitar Ibiza, recordé que una vez viví allí, y al visitar una casa antigua que hoy es un museo, en la judería de Dalt Vila, la ciudad antigua de Ibiza, supe que había sido mi casa. Pero esa es otra historia, que tal vez algún día me decida a contar.

[1] “Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.” Marcos, 10,9. Biblia Reina Valera 1909.
Esta sentencia no hace referencia al matrimonio, aunque se lea en las homilías de uniones católicas. En realidad, hace referencia al principio conocido en Física Cuántica como “entrelazamiento”, o “entanglement”, por su término en inglés. Esta ley de la física, predicha por Einstein y refrendada científicamente por Alain Aspect en 1982, demostraba que lo que una vez estuvo unido es inseparable. Así lo ocurrido en una de las partes, tiene efecto inmediato en la otra, de la que fue separada previamente, sin solución de continuidad.

[2]Principio recogido en El Kybalión, obra de Hermes Trimegisto. La referencia bibliográfica es:
Trimegisto, Hermes: Tres iniciados. El Kybalión: “Estudio sobre la filosofía hermética del antiguo Egipto y Grecia”. Editorial Kier. Argentina: Prof. Delia Arrizabalaga, correctora de pruebas. (2004).

[3]Oración cristiana del Padre Nuestro. La tradición litúrgica de la Iglesia siempre ha usado el texto de Mateo (6, 9-13).

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