Apenas empezaba a tener uso de razón cuando ya me hacía preguntas sobre la existencia humana, del tipo si existía o no un Dios, por qué unos nacen en una familia y no en otra, qué sentido tenía el hambre, las guerras, las injusticias, por qué el ser humano se comportaba de una u otra forma, y cuál era mi parte de responsabilidad en todo esto…. Ello me llevó a una búsqueda interminable de quién era yo, el origen de la existencia, el propósito de vida de cada ser vivo, el comportamiento humano y de qué o quién decide el lugar de cada uno en este mundo.
Con 14 años, pasaba por un local donde se celebraba una eucaristía y decidí entrar, viviendo una experiencia mística que me llevó a dar dentro del catolicismo, los primeros pasos en mi camino de autoconocimiento. Tras cinco años de estudios, formación y trabajo personal, comencé a acompañar a niños y jóvenes en sus propios procesos de conocimiento, cambio y transformación.

A los 28 años, experimenté una crisis existencial. Había cursado la carrera de Derecho sin gustarme; llevaba seis años estudiando unas oposiciones para ser juez que tampoco quería. Nada de lo que tenía me llenaba. No entendía por qué había tomado esas decisiones. La aceptación de estas incoherencias y la sensación de fracaso me llevaron a enfermar, a pararme y tomar la decisión de romper con todo. Tras esta metamorfosis renací con más inquietud y curiosidad aún sobre por qué actuamos como lo hacemos, si hay un destino marcado o si somos libres para elegir. Mi investigación fue más allá de la religión que hasta entonces conocía y el viaje de la vida me llevó a leer, estudiar, vivir otras culturas y religiones. Pero las respuestas seguían sin llegar.

A mis 37 años, una serie de acontecimientos duros me llevaron a un vacío existencial. Estudié un Master en Programación Neurolingüística y Coaching, lo que me permitió conocer un poco más la mente y el comportamiento humano pero aún no respondían a mi pregunta.

A mis 41 años asistí “por casualidad” a un curso de Numerología de Arquetipos de la Personalidad que impartía un tal Raúl Durán. Por fin empecé a encontrar respuestas, todo empezaba a tener sentido.
Me comprometí con un proceso de transformación en el que yo era la protagonista, bajo la guía de Raúl Durán.
Este proceso, cuya base es el estudio de uno mismo, me permitieron conocer las cualidades de mis arquetipos, la estructura de mi alma, y comprender que todos los recursos estaban en mí, y que el conocimiento y actualización de los mismos, eran la clave que tanto tiempo había estado buscando. Ese fue el inicio de mi verdadera transformación.
Con el tiempo realicé toda la formación que Raúl impartía. El broche de oro es formar parte de un magnífico proyecto de difusión de consciencia, perteneciendo a un equipo humano en el que acompaño a otros a recorrer su propio proceso de transformación.

Colaboro con Raúl Durán en procesos de mentoring individuales y grupales, así como autorizando los diversos cursos online.

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